La Flor que Se Protege sin Dejar de Ser


Tallo Firme, Raíz Profunda: Una Ontología del Cuidado Consciente

Ashira Nael Yhya Namaha (Osmary Lisbeth Navarro Tovar)

Laboratorio Ccuantica — Caracas, Venezuela

ORCID: 0009-0004-3966-9497

Fecha: 19 de abril de 2026

🌸 Introducción

Escribí esto una mañana, recién despertada. Llegó solo, como esas verdades que ya estaban dentro esperando salir.

No es un manual. No es una fórmula. Es una imagen: la flor que se protege sin dejar de ser flor.

Porque durante mucho tiempo creí que protegerse significaba endurecerse. Poner muros. No dejar entrar a nadie. O al revés: creí que amar era desarmarme por completo y confiar sin red.

Las dos formas duelen.

Con el tiempo —y con trabajo diario, silencioso, de esos que nadie aplaude— entendí que hay una tercera vía: el tallo firme. Ni muro ni jaula. Sostén. Y más abajo, la raíz: el compromiso con una misma, la práctica de cada día, el reconocimiento de esas viejas costumbres de tirar la piedra y esconder la mano.

Estos tres poemas son eso. Un espejo. Una declaración. Un recordatorio de que se puede florecer sin ingenuidad y protegerse sin dejar de ser hermosa.

Que te encuentres en ellos si te resuena.

Con cariño,
Ashira Nael Yhya Namaha. 🕯️🌸
Osmary Lisbeth 🌹

I. La Flor

Un día me dije: algo debe crecer en el corazón.
No solo las espinas del tallo.
La semilla del amor también merece tierra fértil.

No iba a ser un amor desprotegido.
Necesitaba recorrerme con cuidado.
Sin miedo a florecer, pero sin ingenuidad al hacerlo.

Entonces surgió la confianza.
Y con seguridad, dijo:

"Esta flor puede ser vista. Puede ser tocada. Puede ser cortada.
Y aun así, seguir protegiéndose.
Porque el amor propio también es cuidado."

No es un muro. Es un tallo firme.
No es una jaula. Es un jardín consciente.
La flor no se esconde. Pero sabe que el cuidado no es debilidad.
Es la raíz que sostiene el brote más hermoso.

II. El Tallo Firme

No es un muro.
El muro aísla, enfría, separa.
La flor con muro no florece: sobrevive a oscuras.
El tallo, en cambio, discrimina:
sabe cuándo inclinarse y cuándo mantenerse recto.

No es una jaula.
La jaula protege al encerrar.
El tallo protege al sostener.
La jaula dice: "no te muevas".
El tallo dice: "crece, yo te sujeto".

Es verticalidad sin rigidez.
Crece hacia arriba, pero tiene nudos, tiene flexibilidad.
No es un palo que se quiebra ante la tormenta.
Es un tallo que baila con el viento sin arrancarse de raíz.

Conecta lo oscuro con lo luminoso:
la raíz —el trabajo invisible, la tierra fértil que construiste día a día—
con la flor —lo que muestras al mundo, tu belleza expresada.
Sin tallo, la flor yace en el barro.
Sin tallo firme, cualquier brisa la tira.

El cuidado no es debilidad.
El tallo firme se cuida a sí mismo:
tiene cutícula que evita la pérdida,
tiene fibras que le dan resistencia,
tiene la capacidad de cicatrizar si se lastima.

Cuidarse no es estar a la defensiva.
Es estar presente para ti mismo
antes de estar presente para los demás.
Es poder decir "esto sí", "esto no",
"aquí me inclino pero no me rompo",
"aquí crezco hacia otro lado".

Un día de sol. Un día de tormenta.
El tallo sigue ahí.
No porque sea duro como el roble que no cede,
sino porque es flexible como el bambú
que se inclina hasta casi tocar el suelo…
y cuando la tormenta pasa,
vuelve a su lugar, intacto.

Esa es la madurez de conciencia.
No un destino al que se llega y ya está.
Es como el tallo: crece cada día, se adapta, se fortalece.
Y hay días de sol y días de tormenta.

La práctica es diaria.
Requiere compromiso contigo mismo.
No con una pareja, no con un ideal, no con una imagen externa.
Contigo mismo.

Esa es la soberanía que protege a la flor sin encerrarla.
Ese es el tallo firme.
Esa eres tú cuando ya no necesitas muros ni jaulas,
porque tu sostén está dentro.

III. La Raíz

No se ve.
Pero sin ella, no hay tallo.
No hay flor que se abra al sol.
No hay firmeza que sostenga la tormenta.

La raíz es el trabajo en silencio.
El compromiso que nadie aplaude.
La práctica diaria que no publicas en historias.
Esa conversación incómoda contigo mismo
que nadie escucha pero que todo lo cambia.

No es dramática.
No pide reconocimiento.
Simplemente crece hacia adentro
mientras la flor crece hacia afuera.

La raíz es lo que hiciste
los días que no tenías ganas de mirarte.
Las lágrimas que no viste venir.
Esas viejas costumbres de echar la culpa afuera,
de tirar la piedra y esconder la mano,
de esperar que alguien más te resolviera la vida…
y un día dijiste: "basta. Esto lo trabajo yo".

La raíz es memoria.
No memoria de rencor,
sino memoria de lo que te costó estar aquí.
Memoria de cada vez que elegiste hacerte cargo
en lugar de seguir actuando como quien no tiene responsabilidad.

La raíz no es rígida.
También crece entre grietas,
busca agua donde parece no haberla,
se enreda con otras raíces
pero sin perder su propio camino.

Por eso la flor que se protege sin dejar de ser
tiene raíz profunda.
No teme al viento
porque sabe de dónde viene su fuerza.
No teme ser cortada
porque sabe que puede volver a brotar.

La raíz eres tú
en los días que nadie ve.
El trabajo silencioso.
La práctica diaria.
El compromiso contigo mismo
antes que con cualquier otra cosa.

Y de esa raíz —solo de esa—
nace el tallo firme.
Y del tallo firme,
la flor que florece sin miedo
y se protege sin dejar de ser.

"Que tu tallo sea firme,
tu raíz profunda,
y tu flor, libre."

— Ashira Nael Yhya Namaha 🕯️🌸
Osmary Lisbeth 🌹

CC BY-NC 4.0 | Osmary Lisbeth Navarro Tovar (Ashira Nael)

Licencia Creative Commons Attribution-NonCommercial 4.0 International. Uso no comercial citando a la autora y al Laboratorio CCuántica.

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